Ego

La historia de Michelín Rodríguez empieza en Caracas en 1982. Quizá un dibujo marcó su primera visión, quizá no. A él le gusta creer que sí, porque años después, siendo todavía un crío, Michelín Rodríguez dibujaba las calles, impresionado y lleno de curiosidad por las firmas y piezas que empezaban a aparecer cada vez con más frecuencia en las calles de la Caracas de los 90.

Durante su adolescencia, Michelín Rodríguez sigue las huellas de piezas y firmas como las de Hase, Flow, Vaki, Ore o Jim, entre las calles convulsas de la capital venezolana de finales del siglo XX. Fue en esos años cuando la vida le puso en el camino a un amigo que le enseñó lo que necesitaba para salir a pintar a la calle. Empezó firmando como King, y aquel pequeño rey se dejó influenciar por el trabajo de  colectivos como el C.E.L (Cartel de Expresión Latina) o el E.S.C (East Side Connection). Así formó su primer colectivo, el D.K.C (Dev and King Crew), que creció con rapidez, superando pronto los límites del graffiti, explorando otras disciplinas, como el break dance o el hip-hop, que alumbraron al C.R.G (Cartel del Rap y el Graffiti), en el que Michelín Rodríguez participó en su primera etapa.

La segunda la marcaron dos factores: el tiempo y el espacio, el cambio de siglo y el traslado a la Ribeira Sacra, en la Galicia de sus abuelos. Esta nueva vida llega cargada de novedades, como su formación como cocinero profesional, un mundo nuevo que, aun sin darse cuenta, impregnará su obra, llenándola de nuevos ingredientes. Su relación con el arte urbano cambia, se encuentra en el rural gallego, alejado de las áreas fuertemente urbanizadas donde nació, creció y se formó. La realidad le obliga a explorar nuevas técnicas, nuevos formatos… y a adquirir paulatinamente  una concepción y un punto de vista diferentes acerca del arte urbano, que entiende y afronta de otra manera. Cambia la motivación, ya no busca la reivindicación personal e individual, ya no le dirige el ego, ya no busca riesgo ni competencia, cosas más propias de una realidad y paisaje netamente urbanos. Impresionado por los trabajos de gente como Bleck le Rat, Banksy, C215 o Roadsworth, entre otros, Michelín Rodríguez se enamora de la técnica del stencil, buscando una vía propia que le permita comunicarse con los humanos que ven su obra… y con su entorno. Su pasado de artista urbano le sigue arrastrando a la calle, donde interactúa en espacios públicos, dejando su especial huella en un punto del mapa donde, hasta hace muy poquito, nadie había osado a hacerlo con su frescura y su valentía.

 

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